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Breve reseña histórica

La mar, el hierro y la madera junto a una alta densidad de población y un ámbito geográfico de relieve difícil, han configurado la economía guipuzcoana casi hasta nuestros días.

 

La influencia del mar ha sido determinante en la economía de Gipuzkoa. El acceso directo por vía marítima de los puertos guipuzcoanos a distintas plazas europeas, garantizó un intenso tráfico comercial. A las exportaciones de artículos de hierro del País se unieron las lanas castellanas y navarras. Este flujo servía para compensar las importaciones que Gipuzkoa debía realizar de productos en los que era deficitaria.

 

Al mismo tiempo que este flujo comercial, entre los siglos XVI-XVIII, se produjo un cambio de localización de las ferrerías guipuzcoanas desde el interior hacia zonas cercanas a la costa para que su producción tuviera más fácil acceso a los mercados exteriores.

 

En el siglo XVIII, se implantó un nuevo sistema en el comercio colonial. La constitución de compañías privilegiadas tuvo gran repercusión en Gipuzkoa y dio origen a una mayor actividad mercantil de los puertos guipuzcoanos. Aunque, la habilitación de puertos peninsulares para el comercio directo con América en 1778, provocó el desvío del tráfico que antes se dirigía de Gipuzkoa a Andalucía, a las nuevas plazas abiertas al comercio ultramarino como Santander, Coruña, Málaga, Barcelona, etc.

 

También el mar fue la base del desarrollo pesquero que tanto aportó a la economía guipuzcoana, sobre todo durante el Antiguo Régimen, e incluso más débilmente, en el siglo actual.

 

La producción manufacturera más representativa de Gipuzkoa fue y sigue siendo, la siderurgia y sus derivados. Hasta finales del siglo XVII, la producción de sus ferrerías era la partida exportadora más característica de la producción guipuzcoana. Pero, al permanecer bajo técnicas tradicionales, este sector vivió una crisis profunda a partir de los 70 del siglo XVIII, hasta bien avanzado el XIX. Sólo en la segunda mitad del XIX, la siderometalurgia guipuzcoana entraría en una etapa de renovación, siendo en la actualidad uno de los sectores que mejor define a la industria guipuzcoana y a su estructura económica.

 

Los bosques fueron los que proporcionaron la energía -carbón vegetal- a las ferrerías tradicionales. Y también los bosques guipuzcoanos sirvieron para el temprano desarrollo de los astilleros. La producción naval constituía al mismo tiempo la mejor garantía para el desenvolvimiento de la pesca y el comercio marítimo.

 

La densa población, elemento constante en Gipuzkoa, obligaron a ciertos comportamientos como: la emigración de sus gentes a América y la necesidad de importar productos "para sustento de sus naturales". La emigración a América fue especialmente importante en los siglos XVIII y XIX. La corta producción agrícola, escasa siempre para atender la demanda de su población, convirtió a Gipuzkoa en un lugar importador de granos europeos.

 

A mediados del siglo XIX Gipuzkoa conoció una renovación en su estructura productiva. Las pautas de este proceso industrializador fueron: la modestia del capital inversor, la reducida dimensión de sus empresas y el asentamiento de los centros fabriles en distintos puntos de su territorio. Las prácticas artesanales dieron paso a nuevos procesos manufactureros en nuevas fábricas.

 

El inicio de estos cambios se remonta a la década de los años 40. El 20 de Octubre de 1841, un Decreto de Espartero trasladó definitivamente las históricas aduanas interiores, a la costa y línea fronteriza. Como consecuencia, las provincias "exentas" se incorporaron al mercado español. Comercio y pesca, ferrerías y construcción naval, escasez de recursos de la tierra y emigración, se conjugaron en este territorio pequeño, dentro de un marco jurídico-fiscal propio. El carácter de provincia "exenta" que tuvo Gipuzkoa hasta 1841, ayudó a mantener unos flujos comerciales que le resultaban vitales. Las aduanas en el interior y no en la frontera y costa, favorecieron las exportaciones e importaciones con Europa. Y si bien esta situación podía dificultar el acceso al mercado interior peninsular, la economía guipuzcoana se había estructurado volcada hacia Europa. No obstante, con el traslado de las aduanas del interior a la zona fronteriza, a mediados del XIX, se limitó la competencia exterior y se emprendía en Gipuzkoa una "revolución industrial" que modernizaría su estructura productiva.

 

A partir de entonces, y hasta final de la centuria, el proceso de industrialización en Gipuzkoa conoció dos impulsos. El primero correría entre 1841-1870 y los sectores que marcarían este impulso serían el papelero y el textil.

 

La segunda guerra carlista interrumpiría la expansión industrial, fue un periodo muy negativo para la economía gipuzcoana. El País Vasco fue escenario de choques violentos. Las fábricas debieron parar e incluso algunas quedaron destruídas por la contienda. Hubo que esperar a que finalizara la guerra para que se diera un nuevo periodo de recuperación y expansión. Terminada la guerra, en julio de 1876 se dictó la ley de abolición foral, por la cual a los territorios vascos se les despojaba de su propio régimen jurídico-administrativo: los Fueros. Pero, la necesidad de la hacienda central de conseguir más ingresos y al mismo tiempo, el desconocimiento que tenía sobre las posibilidades de los diferentes sectores económicos vascos -por el distinto sistema tributario hasta entonces vigente-, llevó a que, en 1878, se estableciera un "cupo" o contribución anual global que los territorios vascos debían satisfacer al Estado. De ahí arrancaría el Concierto Económico, sistema impositivo que ha servido para fomentar una política desarrollista.

 

Y fue a partir de aquel año -1878-, cuando el desarrollo industrial en Gipuzkoa conocería otra fase de expansión, que incluso se prolongaría hasta avanzado el siglo XX. En esta segunda fase, además del sector papelero también se daría un crecimiento importante en el sector siderometalúrgico (producción siderúrgica, pequeñas empresas de fabricación de herramientas, tornillería, armas, etc.), que había sido el que había definido la producción manufacturera guipuzcoana de antaño. Estas empresas se consolidaron en numerosas localidades del territorio guipuzcoano, contaron con un capital limitado y, se estructuraron sobre pequeñas unidades de producción. Por ello, en Gipuzkoa, hasta bien entrado el siglo XX, no se advierten grandes concentraciones espaciales, tal y como habían surgido en otros lugares, tras un proceso de industrialización.

 

El sector papelero siguió creciendo con nuevas fábricas, aunque se dio un proceso de concentración singular. En bastantes casos bajo una misma firma social, estuvieron incluídas varias unidades de producción. Durrante los 20 últimos años del XIX, el capital de las fábricas papeleras guipuzcoanas se triplicó, mientras que el número de empresas sólo creció en un 25%. Esto indica el mayor tamaño que alcanzan las nuevas factorías. Los motivos de este crecimiento fueron entre otros, la instalación de máquinas de vapor como fuerza supletoria de la hidraúlica, la invención de las nuevas satinadoras cilíndricas, el perfeccionamiento de las máquinas de tirar papel y, sobre todo, el empleo generalizado de pastas de madera y paja como primera materia.

 

El sector textil también se expansionó durante este periodo, manteniendo las pautas de empresas de tamaño medio y pequeño. A finales de la centuria, además de las empresas algodoneras nacidas años atrás, se crearon otras de lana (Fabril Lanera, en Rentería 1899; Esteban Alberdi y Cia. 1890; Julián Echeverría y Cia. etc.). Y así, a comienzos del siglo XX, Gipuzkoa ya contaba con 19 grandes fábricas de manufacturas de algodón, 6 de lana y seda y hasta 42 de otras especialidades.

 

La transformación de la siderurgia que tuvo lugar en Beasain en los años 60, tomó otros derroteros en el último cuarto de siglo. Así, la fábrica de Beasain denominada, en 1877, "Goitia y Cia." tuvo que reconstruirse ya que había sido afectada por la contienda carlista. A Domingo Goitia, promotor de la "Fábrica de San Martín" le había sucedido su hijo Francisco Goitia. Uno de los obstáculos que debía s lvar Francisco por entonces, era la actualización tecnológica. Porque, en 1878 ya se había puesto en funcionamiento el alto horno de coke y el convertidor de Bessemer en Vizcaya. La producción de hierro así obtenida, dejaba en clara desventaja a los altos hornos de carbón vegetal y, por lo tanto, las instalaciones siderúrgicas de Beasain no podían subsistir. Aunque en 1882 "Goitia y Cia." inauguraba en Beasain una planta de producción de hoja de lata -la primera en España-, el elevado costo del acero obligó a Goitia, pocos años más tarde, a instalarse cerca de los centros productores siderúrgicos bilbaínos. Es por ello, por lo que en los años 80, la planta de Beasain fue trasladada a Sestao, constituyéndose "La Iberia". Con élla también se desplazaron operarios y técnicos que hasta entonces habían trabajado en Beasain y que conocían bien la forma de producir hojalata. Tras estos cambios, en Beasain, sólo quedaron las antiguas instalaciones con alto horno de carbón vegetal, estableciéndose "La Maquinista Guipuzcoana", dedicada a la construcción de toda clase de máquinas y transmisiones. Esta empresa empresa sindicada con la Sociedad Española de Construcción Metálica, se transformó en una gran factoría -siendo una de las tres grandes de Gipuzkoa dedicada a la construcción de vagones y material ferroviario en general (CAF).

 

Durante el mismo periodo también surgieron otros proyectos. En Mondragón "La Unión Cerrajera", fundada en 1860, fue ampliando sus instalaciones, incluso fuera del propio municipio. Llegó a poseer fábricas en Zigarrola, Aretxabaleta y Bergara. Precisamente en esta última localidad se levantaron altos hornos con elfin de obtener la primera materia para las fábricas de Mondragón. En 1877, Romualdo García, que había tenido negocios mercantiles en Bilbao, levantó en Elgoibar la fábrica "Fundiciones San Pedro2, utilizando en sus altos hornos carbón vegetal. Su producción serviría para abastecer a las pequeñas fábricas de transformaciones metálicas de la zona. Antes de que finalizara el siglo XIX, se instalaron dos nuevas empresas siderúrgicas en Pasajes y Hernani. La primera instalada originalmente en Lasarte, fue trasladada a Pasajes bajo la denominación de "Fundiciones de Molinao" siendo sus propietarios la familia Brunet y el Duque de Mandas. Y también, a este segundo impulso industrializador se unieron numerosas pequeñas empresas, dedicadas a la manipulación siderúrgica y a la alimentación, fabricación de jabones, etc.

 

A finales del siglo XIX el panorama industrial guipuzcoano se presentaba de la siguiente forma:

 

  • El sector papelero hacía de Gipuzkoa la mayor productora de España. Su estructura empresarial se caracterizaba por unidades de tamaño medio. Las firmas más importantes contaban con varias fábricas localizadas en distintos lugares de Gipuzkoa. La zona papelera por excelencia seguía siendo Tolosa y su entorno, aunque también se extendió a Hernani y Rentería.
  • El sector textil estaba bien representado en Gipuzkoa gracias a las empresas fundadas en la segunda mitad del siglo. Junto a estas empresas de tamaño medio surgieron otras más pequeñas que completaban diversas operaciones del ramo.
  • El sector siderúrgico, si bien se había renovado tecnológicamente, no alcanzaba el nivel de competencia de los productos bizkainos. No obstante las fábricas enclavadas en Gipuzkoa, servían, sobre todo, para abastecer a las industrias metalúrgicas del territorio. De ahí que las grandes y pequeñas fundiciones se dedicaran a la obtención de hierros especiales.
  • El sector del cemento, representado por la fábrica de los Rezola, fundada en 1858, conoció una gran expansión. A finales del XIX, Gipuzkoa era un territorio claramente exportador dentro del sector.
  • La presencia de numerosas empresas pequeñas dedicadas a la metalurgia, alimentación, etc., ratificaría la imagen de la estructura industrial guipuzocana: pequeñas empresas, gran diversificación y ubicación a lo largo y ancho del territorio.

 

Es en estas fechas cuando se producen también las creaciones de los principales Cajas de Ahorro y Bancos en Euskadi. La primera entidad de crédito moderna de Euskal Herria, fundada en 1850, fur la Caja de Ahorros de la Ciudad de Vitoria. Su finalidad era prestar los fondos recibidos en depósito al Ayuntamiento de Vitoria. De acuerdo con ese modelo fueron fundadas en 1870 la Caja de Ahorros de Pamplona, en 1878 la de Donostia, en 1896 la Caja de Ahorros Provincial de Gipuzkoa, en 1907 la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, en 1918 la Caja de Ahorros Provincial de Álava y en 1921 la Caja de Ahorros Provincial de Bizkaia y la de Navarra. Estas ocho cajas de ahorro crearon en 1924 la Federación Vasco-Navarra de Cajas de Ahorro. El primer banco privado creado en Euskal Herria fue el Banco de Bilbao fundado en 1857.

 

Durante el siglo XX se produjo el afianzamiento de Gipuzkoa como un territorio industrial aunque las etapas vividas por la economía guipuzcoana han sido un tanto dispares. La expansión, crisis y reconversión industrial se han combinado a lo largo del siglo, si bien puede definirse como de expansión generalizada. Se pueden diferenciar 3 etapas: la etapa de expansión del primer tercio del siglo XIX; el desarrollo industrial entre 1930-1973 con 2 crisis importantes y el último cuarto de siglo caracterizado por la crisis económica y la reconversión industrial.

 

La política proteccionista favorable para los intereses de las zonas industrializadas, las ventajas derivadas del Concierto Económico así como la neutralidad española durante la guerra de 1914 a 1918, favoreció el crecimiento industrial guipuzcoano.

 

Durante los años 20 Gipuzkoa emprendió una política de reconversión industrial dando cabida a nuevos sectores que resultarían muy prosperos en los siguientes años.

 

Se consolidaron el el sector papelero, textil, y en parte, el siderometalúrgico y cemento y empezaron a cobrar mayor protagonismo, los transformados siderometalúrgicos, electrodomésticos, alimentación, etc.

 

El sector papelero guipuzcoano seguía ocupando un lugar predominante en la producción española. En 1902 se fundó "La Papelera Española", una de las "tres grandes empresas" del territorio (junto con la Unión Cerrajera, de Mondragón, y la CAF de Beasain). Fruto del afianzamiento del sector papelero en 1920 en las papeleras guipuzcoanas se manufacturaba el 60% de la producción española. Aún a comienzos de los años 30, Gipuzkoa aportaba algo más del 48% de la producción de papel corriente. Además, este sector, en 1930, daba trabajo al 10% de la población activa industrial.

 

La industria textil seguía ocupando un lugar relevante en el panorama industrial de Gipuzkoa. En 1930, el 9% de la población activa industrial guipuzcoana trabajaba en las empresas textiles, siendo 47 el número total de las mismas.

 

El sector de los transformados siderometalúrgicos se constituyó en el más representativo de Gipuzkoa, tanto por el número de empresas como por el número de personas trabajando que ocupaban. En 1930, el 25% de la población activa industrial trabajaba en las 535 empresas metalúrgicas existentes en Gipuzkoa. Sin embargo algunos de los subsectores se vieron afectados por profundos cambios en la demanda.

 

Así la fabricación de armas se vió afectada por la restricción a la circulación y venta de armas, la recuperación económica después de la guerra europea de paises competidores como Francia, Bélgica y Alemania y el control del orden público que estableció el gobierno español. Entre 1924-28, algunas de las empresas armeras se transformaban en otras dedicadas a la fabricación de bicicletas, máquinas de coser, artículos de ferretería, electrodomésticos, herramientas y una larga lista de manufacturas metálicas de pequeño y mediano tamaño. Las firmas eibarresas de "Orbea", "BH", "GAC", "lfa", "Solac", etc. son un reflejo de esta reconversión. Sus productos pudieron ser colocados en el mercado nacional, así como en el internacional.

 

Por su parte, las dos grandes empresas del sector: "Unión Cerrajera" de Mondragón y "Compañía Auxiliar de Ferrocarriles" de Beasain siguieron expansionándose. En 1930 "La Unión Cerrajera" contaba con un capital de 15.000.000 de pesetas, sus productos (tirafondos, tornillos, herramientas, toda clase de herrajes, cerrajería fina, etc.) tenían salida en el mercado interior y extranjero, sobre todo en países hispano-americanos. Por las mismas fechas, la "Compañía Auxiliar de Ferrocarrriles", contaba con un capital social de 23.000.000 de pesetas. A sus instalaciones de Beasain se unieron dos plantas situadas en San Sebastián e Irun.

 

Por lo que concierne a otras producciones, cabe destacar la incorporación con fuerza y de forma rápida, del sector eléctrico, básico para el desarrollo industrial. El proceso de electrificación no era del todo nuevo en Gipuzkoa, ya que aunque modestamente, se había iniciado en los últimos años del siglo XIX: en 1890, se había escriturado en San Sebastián la "Compañía Eléctrica de San Sebastián"; en 1895, se creó la "Electra- Vasconia S. A."; y también, aquel año se fundaba la "Compañía Eléctrica del Urumea S.A.". Ahora bien, durante el novecientos el sector eléctrico registraría un gran salto.

 

Gipuzkoa al contar con abundantes arroyos y ríos que, aún siendo de corto recorrido y poco caudal, por su gran desnivel son proclives para la generación eléctrica. Así durante los años 20, la lmayor parte de las centrales instaladas eran de escasa potencia, pero suficiente para que las industrias contasen con la suya propia y fueran independientes desde el punto de vista energético. De ahí que espacialmente, las pequeñas centrales hidroeléctricas estuvieran diseminadas por toda la provincia. Los datos correspondientes a 1930 ponen de manifiesto tal situación: el número de empresas dedicadas a la explotación de saltos de agua, era superior a 200. A pesar de todo, la potencia obtenida dentro del territorio guipuzcoano, resultaba insuficiente para cubrir todas las necesidades. Por eso, tuvo que recurrirse a la importación de energía.

 

En este primer tercio del siglo XX se vió el impulso industrial en sectores surgidos de la "segunda revolución industrial": teléfono, automóvil, avión, radio, etc. En 1908, Gipuzkoa puso en explotación una red telefónica interurbana provincial. El Ayuntamiento de San Sebastián tenía a su cargo su propia red telefónica urbana. En 1921 Gipuzkoa se situaba a la cabeza de las provincias españolas en número de abonados por cada mil habitantes.

 

En 1899 se fundaba el Banco Guipuzcoano que abrió sus oficinas en enero de 1900. En pocos años estableció sucursales en Tolosa, Irun, Bergara, etc., fruto de su propia expansión. Esta entidad apoyó algunos de los proyectos empresariales guipuzcoanos, tanto en el sector papelero, como en el siderometalúrgico, y otros, lo que contribuyó al crecimiento de la economía regional. En 1909 nacía el Banco de San Sebastián, e incluso en los años 20 se abría en San Sebastián el Banco de Avila. Junto a estas instituciones otras entidades de ámbito nacional e internacional, establecieron nuevas oficinas y sucursales, además de que se constituyeron entidades bancarias de tipo local como fueron el Banco de Irun o el de Tolosa.

 

También surgieron o se afianzaron otro tipo de empresas como las relacionadas con el sector químico, el petróleo o la alimentación, etc.: "Vda. de Londaiz y Sobrinos de Luciano Mercader", "Kutz", "Louit", "Suchard", "Lizariturry y Rezola", etc.

 

Al final del periodo, en 1930, la población activa en Guipuzcoa se distribuía de la siguiente manera: el 25,9% en el sector primario; el 40,3% en el secundario; y el 33,8% en el terciario. La población industrial presentaba una orientación multisectorial. El sector secundario estaba formado por un amplio abanico de especialidades. Entre éllos destacaban tres, tanto por su capacidad como por su tradición: el sector del metal, el papelero y la industria textil. El tejido empresarial seguía formado, como antaño, por pequeñas y medianas empresas, en donde el factor capital era relativamente bajo y el factor mano de obra era muy cualificado.

 

El período industrial entre los años 1930 y 1973 se inició bajo los efectos de la gran depresión económica de los años 30, y además de esta crisis internacional, Gipuzkoa sufrió los cambios de la política económica de la II República. La situación se fue agravando hasta llegar al estallido de la guerra civil en 1936. En plena guerra, en 1937, tanto a Gipuzkoa como a Bizkaia les sería retirado el sistema de Concierto Económico. En 1939, final de la guerra la situación económica de Gipuzkoa era peor que la de principios de la década.

 

La política intervencionista del Estado español se vió materializada con la creación del Instituto Nacional de Industria (INI), que se caracterizó por romper el carácter monopolístico de algunos sectores que se habían desarrollado anteriormente como el eléctrico, siderúrgico, cemento, papel o construcción naval, alguno de los cual eran básicos para la economía guipuzcoana.

 

Durante los años 40, algunas empresas guipuzcoanas comenzaron a emerger a pesar de haberse impuesto la asignación de cupos a las empresas. A partir de los 50 la economía guipuzcoana experimenta un crecimiento irregular, se dio un fuerte incremento en la producción de cemento así como el afianzamiento de las industrias básicas guipuzcoanas: sederometalúrgicas, papel y textiles y destacando el crecimiento de la producción de máquina electro-mecánica.

 

Bajo este signo de crecimiento discurrieron también los 60. La industria guipuzcoana se componía fundamentalmente -al igual que años atrás- de los siguientes sectores: siderometalúrgico (aceros, armas, cerrajería, tornillería, máquina herramienta, de coser, bicicletas, construcción de buques y material ferroviario, además de auxiliar de automóvil), papelero, textil, cemento y otros (jabón, alimentación-bebidas, etc.)

 

El final de los 60 trajó serias dificultades, algunas sin salida y planteándose la reconversión de otros sectores. Esto fue significativo en la fabricación de armas, las máquinas de coser, las bicicletas y motocicletas o los electrodomésticos.

 

El grado de desarrollo económico de Gipuzkoa era muy por encima de la media española. La renta "per cápita" guipuzcoana en los años 50 no dejaban lugar a duda: en 1957, la rpc en España era de 9.862 pesetas; ese mismo año Gipuzkoa ocupaba, con 30.229 pesetas, el segundo lugar después de Bizkaia (30.230 pesetas). Esta posición de cabeza se mantendría hasta los años 70.

 

La crisis de 1973-76 incidió fuertemente en la economía guipuzcoana, especialmente en el sector papelero y cemento. Ya en los años 80 el desempleo superaba la media española, la reconversión industrial se hizo necesaria. Sin embargo la situación dio lugar a trayectorias diversas en los diferentes sectores.

 

En el campo siderometalúrgico, según las industrias que lo forman los resultados son diferentes. La fabricación de armas de fuego que ya estaba en crisis en los 60 en las armas cortas alcanzó al de escopetas. La reconversión de 1983 fue difícil dada la atomización del sector y se constituyó SORESKO, organismos que agrupó ya en 1984 al 70% de los fabricantes. La evolución de la fabricación de tornillería fue paralela a la de armas creándose Una asociación de fabricantes -UNITOR- para poder afrontar de forma conjunta la reconversión de este ramo.

 

En medio del paro que estaba viviendo la economía guipuzcoana las empresas de electrodomésticos eran un oasis de trabajo. La política de exportaciones mantuvo un alto índice de producción hasta que en los 80 las cosas cambiaron. La reconversión fue costosa pero los resultados actuales dan fe de su éxito. El mercado español está representado por 4 grandes grupos: el guipuzcoano Fagor, el alemán Bosch-Siemens, el sueco Electrolux, y Whirlpool (la firma holandesa de la correspondiente americana). A pesar de la competencia de las multinacionales, ya en 1994, el grupo Fagor aportaba el 20,6% de la producción española.

 

La caída de la demanda entre 1975-1982 en la fabricación de máquina herramienta obligó a fuertes reconversiones. El nuevo diseño industrial está logrando que la producción de máquina herramienta en Gipuzkoa haya logrado superar la crisis.

 

También resulta paradigmática la trayectoria seguida por los textiles, el papel, o el jabón. Una de las fábricas guipuzcoanas con más de 150 años de existencia como es la "Algodonera de San Antonio", de Bergara, pasó entre 1975-6 de los tradicionales mahones para ropa de trabajo a los "tejanos"; y como la demanda de este artículo también se resintió entre 1977-80, introdujo un nuevo organigrama empresarial buscando mejorar la productividad.

 

El sector papelero sufrió una caída generalizada entre los 70-80. Su atomización era un obstáculo para la introducción de alta tecnología y así poder competir a nivel internacional. Ante los problemas del sector una de las medidas que se aplicó, a partir de 1984-85, fue la de la especilización. Pero, la competencia de otras plantas papeleras de mayor tamaño fuera de nuestras fronteras, ha hecho difícil la recuperación de la producción guipuzcoana.

 

Por su parte, la fabricación de jabón en la provincia, en los años 70 perdió fuerza la producción de jabón tradición realizada en fábricas de gran tradición como Lizarriturry y Rezola, frente a la de todo tipo de detergentes. A partir de 1976 la demanda de detergentes provocó el aumento de producción hasta mediados de los 80.

 

Como consecuencia de la crisis económica, el País Vasco en general, y también Gipuzkoa, a finales del siglo XX ya no ocupaban los primeros lugares en ingresos familiares. En 1995, la Comunidad Autónoma Vasca se situaba en 6º lugar por detrás de Baleares, Cataluña, Madrid, Navarra y La Rioja.

 

 


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